
"[En la Biblioteca Pública Municipal de Porto] [Yo] leía crónicas de frailes para estudiar el milagro y la lengua, e llenar[me] de historia, de fe y vernaculidad."

Mi querido amigo.
Reafirmo, por esta carta, lo que le propuse con referencia a mi cadáver y su tumba en el cementerio de Lapa. Deseo ser sepultado allí y que ninguna fuerza o consideración te impida guardar mis cenizas perpetuamente en su capilla.

"La siguiente novela [de Romance dum homem rico], fue Amor de perdição. Desde niño había esuchado la triste historia de mi tío paterno, Simão António Botelho. Mi tía, su hermana, solicitada por mi curiosidad novelesca, siempre estaba dispuesta a repetir el hecho, vinculado a su juventud."

"Así que vengo a sentarme en esta banca, doy formas dramáticas al diálogo de mis fantasmas, y me convenzo de que pertenezco bien a los vivos, a mi siglo, al balcón social, a la indústria, vendiéndole mis insomnios a Ernesto Chardron."

"Un reciente amigo mío, curioso frecuentador del teatro, en aquellas tardes desdichadas, dijo que a menudo sentía algo chocando contra la copa del sombrero, y encontraba la cavidad torácica de un pollo, o un trozo de filete de merluza. Es que los ilustres inquilinos del palco, durante los entreactos, llenaban su tiempo con deliciosas meriendas, dividiendo así las horas para el alimento del espíritu con el drama, y para el, un poco más sensible, del estómago, con un cuenco fragante del excelente arroz de horno."
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Rutas en la ficción